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Seguramente si sos monotributista, no habrán pasado desapercibidas las múltiples noticias que alertan respecto al 20E, último día para efectuar la recategorización semestral obligatoria que exige el Régimen Simplificado para Pequeños Contribuyentes.

Además, tal como publicáramos en la sección de noticias de nuestro sitio web (ver: “Monotributistas, preparados, listos ¡a calcular y recategorizar! Nuevas categorías 2020”) a partir del corriente mes de enero vas a abonar una cuota mensual actualizada en algo más de un 50% de lo que venías pagando, en caso que mantengas la categoría del 2019.

Por eso, me parece oportuno mencionar algunas cuestiones que pueden ser útiles, principalmente a la hora de entender lo que transmitimos las y los asesores tributarios a nuestros clientes, pequeños contribuyentes.

  • a. Si te inscribiste en el regímen hace menos de 6 meses, no es obligatoria la recategorización.
  • b. Si luego de efectuar los debidos controles, mantenés la misma categoría que el 2019, no resulta necesario hacer trámite alguno, solo abonar a término mes a mes la cuota actualizada.
  • c. Para determinar la categoría y monto mensual a pagar, además de tenerse en cuenta los ingresos de los últimos 12 meses (éstos deben anualizarse para quien tiene más de 6 meses de antigüedad y menos de 12) se consideran 3 parámetros adicionales (hay actividades que están exceptuadas de aplicarlos -tales como kioscos, heladerías, garages por solo mencionar 3 ejemplos-) monto de alquiler, energía eléctrica consumida y superficie afectada.
  • d. En el mes de enero 2020 se abona el valor actualizado de la categoría de monotributo vieja, la anterior que venías usando antes de la presente recategorización, ya que la misma surte efectos a partir de febrero.
  • e. En total hay 11 categorías, de la A hasta la H pueden elegir tanto los que venden mercaderías como los que brindan servicios, a las que se le suma la I, J, K para quienes venden bienes únicamente .
  • f. Para estos últimos, deben tener en cuenta que el precio máximo de los productos que venden no pueden superar los $ 19.269,14; en cambio quienes prestan servicios no tienen límite del valor unitario de los mismos.
  • g. Si además estás inscripta/o en el impuesto a los ingresos brutos, deberás tener en cuenta que hay provincias (no todas) que también tienen régimen simplificado, como el caso de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires o Santa Fé, por lo tanto, este mes deberás efectuar una recategorización adicional.
  • h. Hay que tener muy en cuenta los controles sistémicos que realiza la AFIP. Como resultado de éstos una consecuencia puede ser la Recategorización de Oficio, la cual procede cuando la AFIP identifica que el contribuyente no se recategorizó o lo hizo en menos al seleccionar la que no le correspondía realmente. Por ejemplo, desde que se implementó la factura electrónica para monotributistas, es muy fácil para la AFIP aplicar este control, por lo tanto si la facturación supera en $ 1 (si leíste bien un peso) la “letra” elegida, la Administración Federal puede subirte de oficio (generalmente al primer mes siguiente de la recategorización) a la que considera acorde, notificación al domicilio fiscal electrónico mediante, reclamándote las diferencias omitidas, más un 50% de la cuota impositiva y previsional, con más sus intereses.
  • h_bis. Los otros controles que realiza son sobre los niveles de gastos, acreditaciones bancarias e incorporaciones patrimoniales, los cuales deben ser acordes a la categoría elegida por el contribuyente, ya que, por éstas además de la recategorización de oficio mencionada, lo más severo que puede aplicar la AFIP es la Exclusión del Régimen, lo cual implica que al pequeño contribuyente lo pasan a Responsable Inscriptos pero con fecha retroactiva, teniendo que ingresar IVA, Ganancias y Autónomos por cada uno de los meses omitidos, más intereses y multas formales.

Finalmente, tal como mencionara en el título de este publicación sumo unas reflexiones; por un lado resulta importante destacar que este Régimen tributario nació hace algo más de 20 años con la Ley 24.977 (B.O. junio 1998) con el fin de crear un único impuesto combinado (cubre IVA, Ganancias y Seguridad Social) que permitiera terminar con las irregularidades de un gran número de contribuyentes (personas físicas, sociedades de hecho, sucesiones) que ejercían y ejercen actividades (oficios – profesionales – comercios – cuentapropistas en general) de bajo a moderado nivel de ingresos y a la vez “facilitar”  el cumplimiento de sus obligaciones impositivas a través de un único pago mensual de moderado (y accesible) costo también.

Muy lejos de cumplir con este objetivo, durante las 2 décadas transcurridas han habido numerosas reformas pero ninguna procurando una efectiva simplificación; si hubieron actualizaciones (no siempre proporcionadas) de montos y valores para cada categoría, se sumó la factura electrónica obligatoria para todos los monotributistas, hubo una declaración jurada cuatrimestral para categorías ubicadas a nivel medio y mayores la cual tras algunos años desapareció, luego de la confirmación de “MiCategoría”, de cuatrimestral la recategorización pasó a ser semestral, y muy recientemente (desde julio 2018) el “Monotributo Unificado” (quien merece una publicación aparte) con impuestos provinciales y municipales, por ahora solo en funcionamiento en 4 provincias (Córdoba, Mendoza, San Juan, Jujuy) y a la espera de que se sumen 2 más (Río Negro y CABA) a corto plazo, más otras muchas resoluciones que van complejizando el régimen junto con controles de la AFIP que paulatinamente aumentan su rigurosidad, terminan por sofocar económicamente a monotributistas que no cuentan con estructura patrimonial para hacer el debido control administrativo, o para recurrir a asesoramiento profesional, o por no adecuarse a la realidad económica que resguardan, a veces por exceso de celo fiscal y otras por continuar permitiendo la elusión.

Y la última reflexión respecto a este regímen, el cual reitero nació para ayudar, regularizar y simplificar actividades comerciales y de servicios, el cual a febrero 2019 según el reporte laboral que efectúa el Ministerio de Trabajo alcanza a un 1.570.000 contribuyentes más otros 344.500 monotributistas sociales. La sumatoria representa casi un 16% de los trabajadores registrados, lo cual encubre un gran número de trabajadores precarizados, donde el Estado (en sus distintos estamentos nacionales, provinciales, autárquicos, etc.) “fomenta” a través de contratos de locación de servicios y también la vigorosa economía digital se aprovecha socavando bases previsionales y de la seguridad social, sin mencionar del derecho laboral. Para muestra vale un botón, actualmente la jubilación mínima es de poco más de $ 14 mil, mientras que el aporte previsional de un monotributista (de la categoría más baja) es de $ 750, es decir que se necesitan de 19 monotributistas para cubrir una jubilación, o si se quiere ser más benévolos en el análisis, se necesitan casi 10 monotributistas categoría H (última para los que prestan servicios) para cubrir tal prestación. Preguntémonos cuantos trabajadores en relación de dependencia (en blanco) se necesitan para cubrir con sus aportes dicha ecuación, no llegarían a ser 5 en caso de considerar el convenio de empleados de comercio (uno de los más bajos) por jornada completa.

La realidad económica tiene un dinamismo que excede con creces los tiempos que tiene el Estado para interpretarla, con el Monotributo siempre nos encontramos discutiendo sobre montos mensuales, categorías, y fechas de recategorización, se olvida como nació, que ya no es un impuesto joven, hoy encierra un entramado que lejos está de solucionar problemas, tal vez el Sistema Único Tributario sea una herramienta permita empezar a separar las distintas capas de pequeños contribuyentes, cuentapropistas reales, de los que cuentan con capacidad administrativa de los que no, a las/los “trabajadores encubiertos” que prestan servicios, configurar un impuesto totalmente unificado (en distintos ámbitos) simple para su pago, y control, y que cubra necesidades del erario público algo más cercanas a la realidad.

Cdor. Pablo Guardia

foto: Reporte del Trabajo registrado – Ministerio de Trabajo – abril 2019